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Redacción central

Bloqueos y pandemia castigan a familias alteñas

Bloqueos y pandemia castigan a familias alteñas porque ya son más de dos semanas de bloqueos y cinco meses viviendo bajo la presencia del letal del coronavirus que lleva a la gente al borde de la desesperación.

“Primero hemos tenido que lidiar contra la enfermedad, hemos pensado que los dos meses de encierro iban a ser suficientes para que se vaya el maldito virus, pero ha pasado ya más de medio año y la enfermedad sigue, pareciera que cada vez es peor y nunca se va ir”, cuenta una vecina.

Algunas personas llegaron a calificar el hecho como un “castigo de Dios”, por la serie de pecados que el hombre comete día a día y señalan que es necesario pedir a través de una oración a Dios, que de una vez se lleve la enfermedad.

“¡Qué hemos hecho para merecer esto Señor!”, es la expresión constante de algunos feligreses quienes comentan en los mercados, en el transporte y otros lugares públicos, incluso entre lágrimas, pues las consecuencias de la enfermedad, no sólo han derivado en la pérdida de un ser querido sino en la falta de recursos, empleo, reducción de salario y la disminución de las ventas.

“Ahora ya no hay ni medicamentos y si hay es para el que tiene plata, una pastilla a cinco bolivianos, no hay atención médica, los hospitales están llenos y día que pasa están muriendo nuestros familiares, ya no hay atención para otras especialidades por el colapso de los hospitales”, comenta otra ciudadana.

BLOQUEOS

A esa pesadumbre, se suman las movilizaciones sociales y las últimas dos semanas que “han sido lo peor”, por la actitud radical de los sectores movilizados que llevan a la desesperación a decenas de personas que entre lágrimas piden “solución a los problemas de una vez”.

“Ya no podemos más, no tenemos dinero, nuestros familiares mueren por falta de atención médica y ahora no hay ni alimentos para comprar y si es que hay están caros, ¿quién puede comprar la carne al doble de lo que costaba? ¿no sé si las empresas están conscientes de la pandemia para hacer subir al doble la carne?”, cuestiona otro vecino.

Día que pasa crece la impotencia, porque ahora, la salud, alimentación y educación se reduce a un derecho de grupos privilegiados, mientras que “al que menos tiene, menos se les da”, coinciden vecinos al manifestar que quien más sufre, es la gente de escasos recursos.

“El que tienen plata pagará lo que le pidan por la carne o el pollo, va pagar clases particulares para garantizar la educación de sus hijos, tienen a su disposición las clínicas privadas, mientras que la gente pobre no tiene acceso a nada, y no se dan cuenta estos bloqueadores que a los únicos que perjudican, es a los pobres”, cuestiona.

Los conflictos sociales también afectaron a cientos de vendedoras de diferentes provincias del departamento de La Paz, quienes deben sortear entre bloqueadores y grupos de vándalos que no las dejan ingresar a la ciudad para vender sus alimentos.

“Nosotros no somos empresarios, lo poco que hacemos en el campo lo traemos a la ciudad, pero no nos quieren dejar pasar, nos gritan, nos piden que nos unamos, hay otros que directamente te quieren agarrar y quitar, pocos son los que te entienden, tampoco somos mayoristas, nosotros vivimos de lo que cosechamos, pero necesitamos plata para comprarnos hasta una sardina”, afirma una vendedora de quesos.

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